Jesús Blasco Valencia Medioambiente y Cambio Climático 1 de abril de 2026

A fines de marzo de 2026, la transición hacia la economía circular en Chile ha atravesado su punto de no retorno. Atrás quedaron las marchas blancas y los acuerdos voluntarios. Hoy, en medio de la crisis climática global, el ecosistema corporativo chileno se estrella de frente contra una nueva realidad: el cumplimiento normativo estricto, la fiscalización tecnológica y una renovada política de Estado.
A pesar de los esfuerzos previos, Chile sigue generando anualmente cerca de 20 millones de toneladas de residuos sólidos. Sin embargo, el mercado ya asimiló que el greenwashing se convirtió en un riesgo legal y financiero crítico. Para las empresas en 2026, la circularidad dejó de ser una métrica de reputación para transformarse en una licencia básica para operar.
El cambio de mando del pasado 11 de marzo, que instaló al Presidente José Antonio Kast en La Moneda, despejó una de las grandes incógnitas del empresariado respecto a la agenda ecológica. La designación de la ingeniera civil industrial Francisca Toledo como nueva ministra del Medio Ambiente ha marcado una línea de continuidad, pero con un giro altamente técnico.
«La economía circular no es un proyecto ideológico, es un imperativo de eficiencia productiva y competitividad internacional. Nuestro mandato en el Ministerio es asegurar que la Ley REP se cumpla con métricas reales, trazabilidad matemática y sin asimetrías para los actores de la industria», señaló la ministra Toledo durante su primera vocería oficial.
El año 2026 es el «Año Cero» de la fiscalización dura para la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley 20.920). Productos prioritarios masivos como los «Envases y Embalajes» y «Neumáticos» operan bajo exigencias inflexibles de recolección y valorización a través de sus Grandes Sistemas de Gestión (Gransic).
La Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) ha implementado cruces de datos algorítmicos en la Ventanilla Única (RETC) para auditar las declaraciones corporativas.
¿A qué se arriesgan las empresas?
Si la década pasada el foco mediático fue el plástico, hoy la crisis se viste a la moda. Las históricas y dramáticas imágenes de los vertederos clandestinos en el Desierto de Atacama aceleraron la consolidación de la Estrategia de Economía Circular para Textiles al 2040, la cual ya fijó sus reglas operativas para el retail y la industria de fast fashion.
El Dr. Marcelo Mena, exministro y referente en acción climática, ha sido enfático sobre este punto: «La industria textil es responsable de hasta el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, superando a los vuelos internacionales y al transporte marítimo combinados. Regular el ingreso, la calidad y el fin de vida de la ropa en Chile era urgente para no seguir siendo el basurero de las tendencias globales».
La Estrategia Textil exige al mercado ajustarse a cuatro pilares ineludibles:
A nivel de tonelaje masivo, la construcción es el mayor deudor de la circularidad. Según el programa Construye2025 (alianza público-privada de Corfo), los Residuos de Construcción y Demolición (RCD) representan el 34% de los residuos sólidos de todo Chile. Esto equivale a llenar más de 15 Estadios Nacionales cada año.
Frente a esta avalancha de pasivos ambientales, la innovación local ha respondido con plantas autorizadas que hoy trituran hormigón de demolición para reintegrarlo como base estabilizada en obras viales (salvando los lechos de los ríos de la extracción de áridos vírgenes) y startups que transforman mermas plásticas en mobiliario urbano de alta gama.
«El salto cuántico para la construcción en 2026 ya no pasa por la tecnología, que ya existe, sino por la demanda. Necesitamos que el MOP y el Minvu exijan por defecto un porcentaje de materiales reciclados en las bases de toda licitación pública», advierten desde los comités de sustentabilidad de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC).
Para fines del primer trimestre de 2026, la economía circular en Chile ha demostrado ser un pilar resistente a los cambios de gobierno y a la coyuntura política. Con un Estado enfocado en el compliance regulatorio, una SMA que no perdona errores de trazabilidad y nuevas normativas asfixiando a las industrias altamente contaminantes, el mensaje es transparente. El reciclaje y la prevención de residuos pasaron a la contabilidad dura de los negocios: quien no logre cuantificar y mitigar su impacto ambiental en Chile hoy, simplemente se quedará sin mercado mañana.